sábado, 25 de abril de 2015

Uno más y lo dejo - 50 relatos breves (varios autores)

El autobús viene con retraso para variar, así que mientras esperas enciendes el e-book y te concedes un relato. Sigues en el autobús. Y luego en casa. Y para cuando quieres darte cuenta has llegado al final sin ni siquiera proponértelo. Porque solo era uno más. Leer relatos breves tiene un carácter inherentemente adictivo, más si como en el caso de este compendio puedes ir picoteándolos entre horas.
Esta no es una antología temática. Al menos, no en un sentido estricto. Gran parte de su encanto reside, precisamente, en no saber con qué vas a encontrarte al empezar cada lectura: de un Big Bang gastronómico a un complot vírico; una tierra extraña donde nevadas se suceden en bucle frente al mundo que recrea un niño en los ramajes de un árbol. Un futuro distópico cuyo protagonista lucha contra sus propios genes para seguir viviendo. El final del viaje, el otoño del rey Arturo.
Extracto de la introducción, de Irene Cisneros Abellán

Ha llegado el feliz y a la vez complicado momento de comentar la primera publicación en la que participo como autor. Se trata de una colección de 50 relatos muy cortos (de solo 500 palabras en su mayor parte, alguno suelto roza las 1000) seleccionados para abarcar una gran variedad de temáticas y estilos, de un total de 14 autores que llevamos años escribiendo en un foro basado en la crítica constructiva y la sana competición literaria. 

Los textos los hemos elegido los propios autores realizando una selección (en la que muchos se han quedado fuera) de nuestros mejores textos más cortos y nosotros mismos los hemos editado. Creo, con toda sinceridad, que el resultado es un libro muy entretenido (creo que incluso adictivo, por lo fácil que resulta de leer sin que se haya descuidado en ningún momento la corrección y el valor literario) y técnicamente casi indistinguible de un trabajo salido de los talleres de una empresa editorial.

Puede encontrarse casi de todo: amor, desamor, ciencia ficción, fantasía, el realismo más descarnado, sentimientos, humor, ficción histórica...; con lo que al terminar un relato te preguntas: "¿y si leo otro, a ver de qué va este? Total, son 5 minutos". El título es más que descriptivo: se podría establecer la metáfora entre el libro y una caja de bombones. Tomas uno, un bocadito y luego otro, y otro, hasta que, sin saber muy bien cómo, te lo has terminado.

No diré que la totalidad de 50 relatos me maravillen, y menos de los 7 que son míos, pero abundan los que creo que están escritos con verdadera maestría. Por supuesto hay temáticas o maneras de escribir que como lector me atraen más que otras, pero lo bueno de su corta extensión es que esas 500 palabras de la mayor parte de las narraciones están aprovechadas al máximo: se va al grano desde la primera frase, que ya suele ser muy impactante y atrapar hasta terminar cada historia. Pongo ejemplos de comienzos de algunos de ellos:

Pensábamos que conocíamos a Ramiro porque llegaba siempre a la oficina con su bueno bueno bueno y su té verde de microondas, embutido en un traje una talla menor que la suya.Un día su mujer lo pilló en la cama con otro hombre y no volvimos a saber de él ni de su apreciado té. Gálvez de contabilidad apostaba por que se había operado y ahora se hacía llamar Rebeca, o seguramente Yolanda.
El invertido, de z666

Tenías cara de Lisandro, Demetrio. Lo sabía por tu forma de agarrar la manguera, de apretar el pomo hasta lo último, derramar cada gota antes de zambullirte de cabeza al barro, invitándome con un gesto a compartir la delicia de los once años.
Carta en un boulevard, de Martín Alejandro Tacón
La maleta la fabricó su abuelo. Las delgadas tablas de roble estaban restregadas con sebo para resistir la humedad, las bisagras habían formado parte de una ventana, servía de asa una tira de cuero y como cierre dos vueltas de cordel.
El manzano, de Ana Cataria

Ayer intenté matar a alguien. Solo quería probar, ver qué pasaba; descubrir si el cuchillo podía hendir su piel y besar sus entrañas. Pero Dios se interpuso. Desde entonces intento suicidarme, pero Él está en todas partes.
Crisis de razón, de Carlos Vázquez Pérez-Íñigo

Cierro los ojos y recuerdo mi infancia; recuerdo el olor del pollo cocinándose en la calle treinta y tres, el blanco de la nata de la pastelería del Loco, el sonido de pedazos de chuletón al ser masticados en la boca de algún seboso apoderado, y el gusto del hambre en mi casa. No te quejes, chaval, gozas de la comida con cuatro de los cinco sentidos, solía decir el viejo.
De riquezas y miserias, de Bertran Salvador i Mata


Para ilustrar mi experiencia de lectura diré que, a pesar de que he leído todos los relatos muchas veces, no he podido evitar releerme buena parte de ellos mientras escribía esta crítica. Creo que esa es la mejor recomendación que puedo escribir.

Es un volumen de ciento y pocas páginas con una magnífica ilustración de portada cedida por el artista Rafael Cachaldora.

El libro está disponible en Amazon, de momento solo en formato electrónico, pero próximamente también se pondrá a la venta en papel por un muy razonable precio:

http://www.amazon.es/UNO-M%C3%81S-LO-DEJO-RELATOS-ebook/dp/B00WJ1FJO0

Mi calificación: muy bien.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

En casa (Marilynne Robinson)

Glory Boughton es una mujer al borde de los cuarenta que ha fracasado en su vida sentimental y que regresa a su domicilio familiar para cuidar de su padre enfermo con el que, además, espera reconciliarse. Su padre es un pastor protestante y viudo que vive solo en su pueblo de Iowa con la única compañía ocasional de otro sacerdote con el que suele discutir. De manera inesperada, padre e hija tendrán la inesperada visita del hijo y hermano, Jack, la oveja negra de la familia, el bala perdida que no les dio más que disgustos y que lleva muchos años viviendo al margen de sus orígenes.



Antes de empezar tengo que aclarar algo: esta novela es la hermana (o complementaria, o simultánea) de otra de la misma autora: Gilead, ganadora además de nada más y nada menos que el premio Pulitzer de novela, y que NO he leído. Lo que sí he leído es que ambas novelas cuentan los mismos hechos del mismo lugar pero desde el punto de vista de otro personaje (en Gilead, el padre pastor; en En casa, su hija divorciada).

Alguien dijo que solo existen dos tipos de literatura: la buena y la mala. A mi juicio esta visión tan radial, tan de blanco o negro, plantea problemas: ¿cómo clasificamos las obras que nos apasionan por sus tramas o personajes pero que se desarrollan con palabras o expresiones burdas o poco trabajadas? ¿Qué hacemos con los textos estupendamente escritos con un contenido poco original o atractivo? Como todo en la vida, nada es blanco o negro o tal vez sí lo sea a trocitos.

Esta novela es un ejemplo del segundo caso. La autora nos plantea una situación concreta (una casa, sus dos habitantes y un tercero que aparece después de mucho tiempo) y nos la describe con milimétrica precisión, tres personajes de carne y hueso, reales, únicos… y (para mí) carentes de todo interés. Y es que me da igual lo que le ocurra a la protagonista, a su anciano padre o a su descarriado hermano. Se me presenta un ambiente de la América profunda, de un pastor protestante (obviamente rancio) y cómo, contradicciones de la vida, ha de convivir (y depender) de sus hijos, unos pecadores. El problema es que con estas premisas sí podría escribirse una buena historia pero la autora (desconozco si por falta de ideas o porque concibió así su obra) decidió que el marco era más importante que el cuadro y tan, tan reales hizo a sus personajes que me resultaron tediosos. Está bien que se me transmitan sentimientos tales como la compasión, el remordimiento o la vergüenza pero cuando se recae una y mil veces en lo mismo, en una reiteración de cientos de páginas, en el mismo marco, en la misma casa y con los mismos (y escasos y sosos) personales, ya aburre. Tal vez lo que cuenta esta novela en el fondo hubiese sido más interesante de haberse escrito uno o dos siglos antes, en el siglo XXI no presenta ninguna novedad y sobre los mismos conflictos ya se ha escrito (de manera mucho más ágil y certera además) miles de libros y se han rodado cientos de películas.

Ello no quita que, a pesar de todo lo anteriormente expuesto, el libro sí está bien escrito (como no podría ser de otro modo con el aval del célebre Pulitzer concedido a su autora). Lástima que la recreación haya tenido más peso que la imaginación en la novela o que el ideal literario de la autora con concuerde con el mío,  pero no me quedaron ganas de leer su novela complementaria Gilead.

Mi calificación: aburrida.

viernes, 31 de octubre de 2014

Moby Dick (Herman Melville)


Ismael es un maestro de escuela con ansias de aventura que decide viajar a la isla norteamericana Nantucket para vivir la experiencia de embarcarse como marinero en un barco ballenero. Ya tenía experiencia en la marina mercante, pero las peculiaridades de la pesca de la ballena le atraen hasta el punto de estar dispuesto a enrolarse en una campaña que durará años. La casualidad le llevará a hacerse amigo inseparable de un exótico arponero y ambos serán contratados en el Pequod, un buque que se prepara para una campaña alrededor del globo, capitaneado por un tal capitán Ahab, un hombre obsesionado con el cachalote extremadamente agresivo que le arrancó una pierna en el anterior viaje, del que apenas acaba de regresar.

Abordé esta lectura con unos prejuicios más que equivocados de lo que iba a encontrarme. Tenía una idea (de haber visto algún trozo de la película de los años 50) del argumento pero, básicamente esperaba encontrar una novela de aventuras más bien orientada al público juvenil. Qué equivocado estaba. Moby Dick me resulta difícil de clasificar: es una enciclopedia sobre cetáceos, es un relato de aventuras, es una novela sobre la obstinación, una historia de monstruos y héroes, de prodigios naturales y villanos que quieren acabar con ellos. Es decir: es una de esas obras inmortales que pocos tienen el talento o la osadía de llevarlas a buen puerto. Porque siendo sinceros, a priori, es una novela anti-comercial. No quiero ni pensar que si Melville viviese hoy en día, su obra seguramente no saldría del cajón. ¿Qué editorial se arriesgaría con este ladrillo (porque también es un ladrillo), qué editor se la leería entera para valorarla en su totalidad?

Como digo, tiene partes intercaladas para todos los gustos: una enumeración de todas las referencias a las ballenas desde la Biblia hasta los días en que se escribió la novela, la experiencias de Ismael en primera persona sobre sus descubrimientos del mundo balleneros (alguna incluso cómica), el día a día del pesquero de cetáceos, la exhaustiva explicación de cómo se cazaban ballenas en el siglo XIX, la descripción enciclopédica de las características fisiológicas de las ballenas, de los tipos de cetáceos conocidos, de sus propiedades industriales de los productos de su caza y un largo etcétera. Tiene capítulos que pueden parecen infumables sobre todo al que le dé igual cuánto mide tal o cual parte de este o u otro cetáceo, aunque también abundan los pasajes memorables por su fuerza, por su belleza, por su originalidad, por su frescura. En ocasiones la lectura se complica por la abundancia de los términos marineros, de hecho he leído que es una de las novelas con un léxico más rico (en variedad) de toda la Historia de la Literatura. Y pese a todo lo anterior, creo que todo era necesario para la novela. Melville logró como un martillo machacón meterme dentro del Pequod, vibrar con los arponeros la tensión en los botes en plena caza, e incluso compartir con el capitán Ahab la obsesión por Moby Dick, la ballena blanca. Al que haya disfrutado con la lectura de Moby Dick no podrá volver a ver un cachalote con indiferencia, eso puedo asegurarlo.

Los personajes son todos y cada uno de ellos seres de carne y hueso. Aquí no hay cartón piedra, medias verdades ni héroes o villanos. Hay hombres que se ganan la vida, con sus virtudes y sus vilezas, con sus sacrificios y excesos, sus modales y su cuota de brutalidad. Y también las obsesiones. Sobre todo las obsesiones humanas llevadas hasta el extremo de la locura. Bajo el prisma de Ismael (del cual podemos decir que simplemente se ve a sí mismo como alguien con una extraordinaria curiosidad pero sin ningún talento relevante más allá de una gran capacidad de observación y de su capacidad de explicar meticulosamente los detalles de todo aquello que experimenta en Nantucket y a bordo del Pequod).

He dejado transcurrir unos meses para publicar esta crítica y solo puedo decir que el poso que me deja es grandioso. Escribiendo estas líneas me entran ganas de releer algunos pasajes que por los que pasé sin poder saborearlos como merecían por la necesidad de avanzar. 

En resumen, es una obra dura cuya lectura precisa de constancia y tesón pero cuyos frutos, al menos para mí, compensan con creces el esfuerzo. Me parece un joya de la Literatura.

Mi calificación: muy bien. Obra inmortal.

martes, 14 de octubre de 2014

La verdad sobre el caso Harry Quebert (Joël Dicker)


Marcus Goldman es un joven escritor norteamericano que obtiene un rotundo éxito con su primera novela pero que después año y medio de dedicarse a una vida de lujos y fiestas de sociedad descubre que es incapaz de concentrarse y escribir una línea de su segunda obra, tal y como exige el multimillonario contrato que ha firmado con una gran editorial. Desesperado, decide viajar para inspirarse a una pequeña población –Aurora, New Hampshire-  donde vive su mentor en el mundo de las letras: el profesor y aclamado novelista Harry Quebert. Una inesperada acusación por un asesinato perpetrado treinta años antes empujará a Goldman a investigar y escribir la verdadera historia de Quebert y de los integrantes de la aparentemente tranquila comunidad de Aurora.

Me habían llegado noticias de esta novela por los medios de comunicación. No todos los días un autor de menos de treinta años logra Gran Premio de Novela de la Academia Francesa (el autor es suizo) y que su novela se convierta en un best seller mundial logrando además un buen número de críticas positivas, así que tenía muchas esperanzas puestas en esta lectura. El libro atrapa desde las primeras páginas, debido a mi afición por la escritura me identifiqué en seguida con el personaje de Goldman e incluso con su frustración por el síndrome de la página en blanco (casualidades: el mismo conflicto de escritor de La escritura necesaria de Rubén Angulo, que vengo de comentar). Sobre todo, Dicker logra mantener una expectativa permanente en el lector (o al menos hasta la mitad de la obra) y tanto la situación como el entorno como los personajes, me parecieron creíbles. Quizás me parece desproporcionado algún efecto de la acusación de asesinato (como la retirada de los libros de Quebert de las librerías, estoy seguro de que ocurriría lo contrario: se venderían más que nunca con el escándalo) pero la ambientación de un pequeña localidad de Nueva Inglaterra me pareció perfecta: Dicker logró que sintiese Aurora como tan real como pueda ser para mí Boston. 

No me acabó de convencer tanto cambio temporal: la novela realiza saltos constantes del presente a diferentes pasados, en especial la época en que un Quebert de veintitantos años llega a Aurora y se convierte sin pretenderlo en una celebridad local a pesar de que se trata de un escritor totalmente desconocido en ese tiempo. Hacia el final me llegó a cansar tanta reiteración sobre los mismos hechos desde diferentes puntos de vista, quizás necesaria para dotar al lector de herramientas suficientes como para desentrañar el caso por sí mismo aunque hubo momentos (los más romanticones) que llegué a sentir un ligero hastío. El amor entre Quebert y la asesinada me pareció demasiado idealizado, demasiado de cuento de hadas aunque el autor sabe darle algunos toques de realidad en crudo. Destacaría eso sí al coro de personajes comunes, con sus pequeñas virtudes y vilezas que componen Aurora, para mí de lo mejor de la novela.

¿La historia? Con el hilo conductor del escritor que necesita desesperadamente escribir un bombazo editorial y que además quiere hacerlo ayudando a su amigo, Dicker me mantuvo en la expectativa permanente de cómo se resolvería el caso. Acerté a medias con mis conjeturas: vi cómo el autor preparaba la jugada hacia la mitad del libro pero me fue imposible prever los inesperados giros finales. No obstante, esos giros no se los saca de la manga sino que, soterrados, están ahí presentes en toda la novela así que la lectura me dejó un buen sabor de boca si bien no me quedó ese regusto a excelencia que quizás había esperado. Lo recomiendo, aunque, por hacer una odiosa comparación, disfruté más con la saga Millenium de Stieg Larsson. El caso Quebert carece de un personaje con la fuerza de Lisbeth Salander.

Mi calificación: bien.

martes, 7 de octubre de 2014

La escritura necesaria (Rubén Angulo Alba)

César, un escritor viudo padre de dos hijos, recibe el encargo de escribir una novela relacionada con el vino. Se traslada a una casa en Logroño para inspirarse y recabar información pero se ve atrapado en el primer bloqueo creativo de su vida profesional. Cuanto más intenta centrarse en el vino más crece su interés en los entresijos de la historia de una enigmática familia que habitó la casa en otros tiempos y que solo parece distraerle de su objetivo de escribir la novela encomendada.


Abro una nueva etapa en este humilde blog con un comentario de la primera novela de un autor independiente que conocí gracias a sus interesantes y certeras intervenciones en Twitter (@rangual). Con mucha curiosidad y un cierto temor ante lo que pudiese encontrarme entre sus páginas, demoré la lectura hasta el mes de agosto, en los únicos días del año en que podría concentrarme en la obra como el autor se merecía (que, muy amable, me dedicó mi ejemplar de la novela).

Lo primero que me llamó la atención fue la escasa extensión de los capítulos, organizados además en ¡seis! partes, con lo que la novela se presenta secuenciada en fugaces destellos narrados en tercera persona pero tan centrados en la figura de César (sobre el que recae todo el peso de la novela) que casi parece narrada por su protagonista. Enseguida la prosa desplegada por el autor me fue dejando una buena impresión: accesible (sin rebuscamientos) pero cuidada y fluida. El escritor sin ofrecernos más que unas pinceladas nos va mostrando la situación del protagonista, un hombre (no exento de remordimientos) que aún no ha terminado de superar la muerte de su esposa pero que ha de proseguir con su vida por el bien de sus hijos.

Hago ahora un inciso dedicado a la edición (no habitual en mis comentarios) pero que creo necesario por tratarse de una obra publicada fuera del círculo de las grandes editoriales: el papel, la encuadernación, la portada, la maquetación… me parecieron muy dignos, ahora bien, la obra pide a gritos una revisión (inexcusables los muchos errores ortográficos de la edición) que solo me explico por el bajo presupuesto destinado por las editoriales a obras de autores poco conocidos.

Volviendo al contenido de la novela, me dejó bastante desconcertado la disparidad en el enfoque en diferentes partes de la obra. Porque “La escritura necesaria” posee pasajes de sexo (muy) explícito propios de una novela erótica, otros de un misterio con una tensión paranormal cercanos a la literatura de terror y todo ello conectado por un desarrollo ambientado en la vida cotidiana de un padre que busca colegio para sus hijos y que lucha por sacar su trabajo adelante. Cada una de estas partes está ciertamente lograda (la extraña familia que habitó en tiempos la casa recién ocupada por César y sus hijos me dejó con tal desasosiego que incluso llegué a soñar con sus tétricas fotografías) y, por poner otro ejemplo, el personaje de la madre de César –cuando lo visita para ayudarle con los niños- me pareció tan, tan verídico que la imaginaba delante de mí, real como la vida, mientras leía sus intervenciones. No obstante, ya a la mitad de la lectura (y sobre todo al concluirla) tuve la impresión de que faltaba argamasa en la novela, como que estaban muy bien sus partes (escalofriantes, creíbles y muy bien plasmados los sucesos paranormales) pero que al conjunto le faltaba más desarrollo, más empaque, más fuerza de cohesión, quizás me faltó más ambiente lugareño de una Rioja que no conozco (siempre satisface al lector de novela aprender de lo leído), o quizás un César con más poderío, con una motivación más perentoria que cumplir con el encargo de una novela temática. Es decir, por momentos me pareció que era una historia muy compleja contada con demasiadas pocas palabras, proporcionándome escaso espacio para entrar en ambiente. Eché además en falta un César visto en mayores aprietos (salvo en el final, la única fuerza que se le opone es el difuso tictac del plazo de entrega de la novela), algo que me ayudase a identificarme más con el protagonista que la afinidad sentida por su dedicación a la literatura.

Sin embargo, el regusto a la conclusión de la novela no fue amargo. El final es algo repentino, es cierto, pero creo que a la historia le vino bien un cambio de ritmo que acelerase la acción y precipitase los acontecimientos hasta la resolución de los conflictos que envuelven a César. ¿Balance? Diría que positivo, con “peros”. Desde luego no es una novela convencional en el sentido comercial y para mí es un punto a favor. Me resulta imposible clasificar esta novela en un único género pero de tener que sintetizarla diría que es una novela de terror psicológico con tintes realistas. 

 Sé que el autor está preparando una segunda novela donde la Prehistoria posee un papel central, habrá que seguirlo de cerca.


Mi calificación: interesante.

sábado, 20 de octubre de 2012

Cincuenta sombras de Grey (E. L. James)

Anastasia Steele es una joven universitaria centrada en sus estudios y que jamás ha tenido una relación sentimental. Su compañera de piso, que dirige la revista de los alumnos, enferma y le encarga que viaje hasta Seattle para entrevistar a un joven empresario de éxito. Anastasia queda profundamente impresionada por el multimillonario entrevistado, hasta el punto de quedar prendada de él desde el primer instante.


Tras años sin actualizar este blog, la lectura de esta novela (acabo de terminarla) me ha empujado de manera irresistible a publicar una nueva entrada. 
Confieso que no supe de su existencia hasta que una amiga me preguntó si la había leído, para conocer "un punto de vista masculino".
Lo primero que me llamó la atención es el modo en que está narrado: en presente y en primera persona. Imagino que la autora habrá elegido este tipo de narrador para darle más fuerza a las escenas de sexo, o tal vez para que el lector conozca los pensamientos de la protagonista de primera mano. Lo cierto es que, al inicio me pareció un recurso arriesgado, a las cien páginas ya se había convertido en un estilo cargante, y a las trescientas se me hizo insoportable. La calidad literaria de la novela me parece pésima, tanto en estilo como en su trama y si tuviese que definirla con una única palabra, me debatiría entre "ñoña" o "aburrida".

El lenguaje utilizado es muy coloquial, más que una universitaria, la universitaria parece una colegiala. El texto está lleno de expresiones como "Uau", "madre mía" o "joder". 
La trama es totalmente estática, durante quinientas páginas no ocurre casi nada más que el encuentro inicial y  una sucesión de desiguales encuentros con sexo y llenos de desconcierto de su protagonista. Lo único que mueve la historia es el final, que en una novela clásica representaría el conflicto narrativo y lo encontraríamos antes de la página 100. 
Me esperaba una novela erótica y me encontré con una novela romántica (en el peor sentido de la palabra), salpicada de ocasiones descripciones explícitas de unas escenas de sexo tremendamente difíciles de creer. No soy aficionado a la literatura erótica (y a la romántica tampoco), pero sé apreciar la calidad. Esta novela carece de ella. 
Me ha aburrido muchísimo, hasta el punto de que ha sido un reto terminar la novela. Los personajes son más planos que la estepa siberiana y su lectura me dejó el regusto de haber leído la obra de un autor principiante. Una principiante que ha vendido muchos millones de ejemplares por todo el mundo.

Mi calificación: mal.

viernes, 20 de agosto de 2010

Caín (José Saramago)

Adán y Eva son expulsados del paraíso por la desobediencia de probar la manzana del árbol prohibido del paraíso. La pareja vaga por el desierto sin encontrar más refugio que una tosca caverna y no halla nada que echarse a la boca. Suerte que contarán con la ayuda del ángel que custodia la puerta del paraíso, que se compadece de Eva.
Con el tiempo la mujer parirá con dolor dos hijos: el campesino Caín y el ganadero Abel, que por alguna oscura razón complacerá mucho más al Señor que su hermano mayor.

El último libro publicado por Saramago antes de su reciente fallecimiento. Como es habitual en él, escribe con párrafos interminables y con una más que peculiar manera de puntuar. Sin embargo, me he acostumbrado pronto al fluir de su prosa y la lectura no se me ha hecho nada pesada.
El tema es de sobra conocido. Caín después de matar a su hermano, es descubierto por Dios, que lo condena a errar por la tierra. Eso sí, en este caso Caín le replica al creador, culpándolo en último término de la muerte de su hermano.
Me da la impresión que el periplo que luego se narra de Caín vagando por diferentes tierras y momentos de las historia sagrada es una disculpa para que el propio Saramago exprese lo que siente respecto a la figura divina que aparece en el Antiguo Testamento. Esto es: nos presenta a un Dios engreído, inseguro, vengativo y cruel. Me ha parecido notar un cierto resentimiento del autor hacia esta (antiquísima, pero aún con millones de seguidores) idea de Dios.
Las aventuras que por las que pasa el protagonista mantiene el interés del lector, hasta que se precipita el final. Me ha parecido totalmente absurdo, no sé qué es lo que el autor ha pretendido hacer.
En resumen: un libro que se lee bien, hace reflexionar sobre la figura del antiguo Yavé, y sobre sus relaciones con los hombres a lo largo de la historia. Pero como novela no existe una clara línea argumental salvo la interminable marcha de Caín.
Lo describiría como una obra menor de Saramago.

Mi calificación: interesante.

Páginas vistas en total