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viernes, 20 de agosto de 2010

Caín (José Saramago)

Adán y Eva son expulsados del paraíso por la desobediencia de probar la manzana del árbol prohibido del paraíso. La pareja vaga por el desierto sin encontrar más refugio que una tosca caverna y no halla nada que echarse a la boca. Suerte que contarán con la ayuda del ángel que custodia la puerta del paraíso, que se compadece de Eva.
Con el tiempo la mujer parirá con dolor dos hijos: el campesino Caín y el ganadero Abel, que por alguna oscura razón complacerá mucho más al Señor que su hermano mayor.

El último libro publicado por Saramago antes de su reciente fallecimiento. Como es habitual en él, escribe con párrafos interminables y con una más que peculiar manera de puntuar. Sin embargo, me he acostumbrado pronto al fluir de su prosa y la lectura no se me ha hecho nada pesada.
El tema es de sobra conocido. Caín después de matar a su hermano, es descubierto por Dios, que lo condena a errar por la tierra. Eso sí, en este caso Caín le replica al creador, culpándolo en último término de la muerte de su hermano.
Me da la impresión que el periplo que luego se narra de Caín vagando por diferentes tierras y momentos de las historia sagrada es una disculpa para que el propio Saramago exprese lo que siente respecto a la figura divina que aparece en el Antiguo Testamento. Esto es: nos presenta a un Dios engreído, inseguro, vengativo y cruel. Me ha parecido notar un cierto resentimiento del autor hacia esta (antiquísima, pero aún con millones de seguidores) idea de Dios.
Las aventuras que por las que pasa el protagonista mantiene el interés del lector, hasta que se precipita el final. Me ha parecido totalmente absurdo, no sé qué es lo que el autor ha pretendido hacer.
En resumen: un libro que se lee bien, hace reflexionar sobre la figura del antiguo Yavé, y sobre sus relaciones con los hombres a lo largo de la historia. Pero como novela no existe una clara línea argumental salvo la interminable marcha de Caín.
Lo describiría como una obra menor de Saramago.

Mi calificación: interesante.

viernes, 5 de junio de 2009

El ruido y la furia (William Faulkner)

"Se ha ido Caddy se ha ido a casa desde nuestra casa no se ve el establo has probado a ver el establo desde
Fue culpa suya ella me empujó ella se ha escapado
Puedo contigo mira como sí puedo
Oh su sangre o mi sangre Oh
Continuamos andando sobre el fino polvo, entre el fino polvo nuestros pasos silenciosos como el caucho allí donde de los árboles pendían lápices de luz de sol"

No he encontrado una mejor introducción para este libro que un fragmento que sirva de muestra del verdadero martirio por el que he pasado para conseguir terminarlo. Si algo me ha aportado esta lectura es el ejemplo de lo que NO debería ser la literatura: elitista, localista, retorcida y vanidosa.
Me explicaré. Comencé la lectura con muchas ganas, pero tras las primeras páginas sólo tenía una cosa clara: que no me enteraba de nada de lo que se estaba contando. Mi hipótesis era la de que la historia era narrada en primera persona por Benjy, un niño de dos o tres años. Unas veinte páginas después descubrí que estaba equivocado, porque al parece el "protagonista" cumplía treinta y tantos. Sólo podía tratarse de un retrasado.
Aguanté estoicamente toda esta primera parte (noventa páginas) con la esperanza de que en la segunda se explicase algo. Y en efecto cambió... para peor. En lugar de las experiencias de un retrasado ahora se narraba un día en la vida de su hermano Quentin, mucho más inteligente (estudiante en Harvard) pero con un grave desorden mental. El fragmento que he puesto de ejemplo pertenece a esta sección del libro y servirá como muestra de que lo que digo es cierto. Son las páginas de más insufrible lectura, a menudo me preguntaba ¿qué hago yo perdiendo el tiempo leyendo esto? Frases inconexas en un día en que Quentin vaga sin un objetivo claro, recuerdos sin puntos ni comas, saltos constantes en la secuencia espacial y temporal. He de reconocer que estuve a punto de abandonar muchas veces y que sólo conseguí continuar a base de amor propio y pensando en la futura crítica que haría en este blog.
A las ¡doscientas! páginas llega la tercera parte. Otro de los hermanos en primera persona, una joyita también: misógino, racista y ultraconservador pero al menos te enteras de lo que hace y más o menos por qué lo hace.
En la última parte Faulkner toma las riendas como narrador y la novela acaba con un presunto "clímax" que no hizo otra cosa que decepcionarme por enésima vez.
En el apéndice, el autor aclara el papel de cada uno de los personajes. Sentí como Faulkner se reía de mi, increíble su desfachatez: mantiene al sufrido lector torturado durante trescientas cincuenta páginas para explicarle a su humilde intelecto el incomprensible discurso en unos pocos párrafos.
¿Cómo esta obra ha podido ser publicada? ¿Qué editor no leería cinco páginas y tiraría a la papelera el original? ¿Cómo le han dado el Nobel de literatura a Faulkner? ¿Por qué se considera "el ruido y la furia" como una de la obras cumbres de la literatura americana e incluso una de las mejores novelas en habla inglesa de todos los tiempos?
Creo sólo se explica por el esnobismo, la pedantería y la vanidad de literatos y críticos. Después de mi hazaña de terminar la obra, tenía dos caminos: o presumir de mi amplísima cultura, de mi gran experiencia y madurez como lector, vanagloriarme por haber disfrutado con la lectura del gran, inmenso, increíble Faulker o ser sincero conmigo mismo y reconocer que me parece un grandísimo ... bodrio.
Un artificio para satisfacer el ego del autor, la novela más audaz, sin orden temporal, sin orden espacial, conectada con Shakespeare, con monólogos interiores que ríase Joyce, desde todos los puntos de vista... de una elucubración sin ningún interés, sobre una familia en decadencia y degenerada.
Recomiendo dejar este libro en la estantería ganado polvo indefinidamente y leer cualquier otra cosa, salvo para lectores especialmente masoquistas o estudiantes de filología de cuya lectura dependa un aprobado.

Mi calificación: ilegible.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Cien años de soledad (Gabriel García Márquez)

Frente al pelotón de fusilamiento el coronel Aureliano Buendía, instigador del enésimo levantamiento contra el gobierno, recuerda el día en que llegaron los gitanos a su pueblo, Macondo, cuando era niño. Su padre se entregaba con gran devoción a las demostraciones que hacía de sus inventos el gitano Melquíades, al que tenía por un auténtico sabio.
Desde aquel día, Macondo ha pasado de un grupo de casuchas de aldeanos a poseer una considerable población, línea férrea y luz eléctrica bajo la influencia de la importante familia Buendía.
Cuando esta novela cumplió los cuarenta años desde su primera edición me dije a mi mismo que tenía que leerla cuanto antes. En prensa y televisión nos bombardeaban con la noticia del aniversario de una de las mejores novelas en lengua hispana de todos los tiempos. Hasta ese momento poco sabía del argumento, y el título sencillamente no me llamaba: eso de cien años de soledad sonaba a lento, muy lento.
Tantos años de estudiar lengua y literatura en la escuela y bachillerato y yo sin saber más que el nombre del autor de esta famosísima novela, poco más tengo que decir de un "portentoso" sistema educativo donde rara vez llegábamos a la generación del 27.
Lo primero que me sorprendió fue la sencillez del lenguaje y lo rápido que el autor te mete en Macondo, sin necesidad de extenderse en largas descripciones. Con unas pocas páginas ya estás dentro de la familia Buendía del siglo XIX, en ocasiones el problema resultó ser el contrario: conseguir no perderse entre una nube de Aurelianos, José Arcadios, Úrsulas y Amarantas. A partir de cuando se llega a la tercera generación de la familia Buendía es muy fácil confundir a padres con hijos, nietos o sobrinos por lo que recomendaría a cualquier nuevo lector que se haga un pequeño esquema con el árbol genealógico porque el libro recorre cien años de la vida de Macondo y nada menos que siete generaciones Buendía.
La novela me ha parecido muy buena teniendo en cuenta su estructura, su lenguaje y el cómo se va abriendo la trama para luego volver a cerrarse de manera magistral. Con unas pocas frases define a cualquiera de los muchos personajes mejor que otros autores en cien páginas.
Sin embargo, a todo hay que ponerle un "pero". Cuando terminé el libro me dejó un buen sabor, sin embargo he de reconocer que no me llegó a estusiasmar: no he perdido horas de sueño por el leer un poco más, ni me he pasado el resto del día pensando en la historia. Quizás por la temática, la Colombia entre los siglos XIX y XX, o la falta de una trama clara más allá de la propia vida de la familia y de todo Macondo, pero no ha llegado a despertar en mi más curiosidad que la de leer algo bien escrito o de comprobar en qué termina una historia tan bien entretejida.
En definitiva, a unos les gustará más y a otros menos, pero lo recomiendo.
Mi calificación: muy bien

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